Absolutos & Relativostxt y diseño: Juan Lenza [DG] Viedma
Cuántas veces habrán escuchado la frase...“no seas malo”, frecuentemente repetida cuando uno se negaba ir hasta el kiosco para comprarle los fasos al viejo o su contraria...“qué bueno que sos”..., saliendo de la boca de una tía vieja (con una verruga del tamaño de una pila), que nos agradecía heberle levantado la revista de tejidos, caída muy cerquita de la cocina a leña.
Sin embargo, ¿qué es ser bueno o malo? En la antigüedad estas categorías estaban relacionadas con las ideas de lo bello-feo. De tal forma que uno encima de malo por acción transitiva se volvía feo y al revés, ser bueno daba chapa de lindo. Buen incentivo!!! Evolución o involución, según como lo miremos, el paso de los siglos convirtió a estas dos palabras en base obligada de los principales códigos de moralidad. El filósofo John Locke sostenía a finales del siglo XVII que...“aquello que tiene capacidad de producirnos placer es lo que llamamos bien, y lo que tiene capacidad para producirnos dolor, lo llamamos mal”. Como ven los planos aparecían totalmente delimitados. Sin embargo, si revisamos hoy con criterio ético los conceptos de “bien” y “mal”, ambos se nos presentan a primera vista como antagónicos...¿pero eso es así? En realidad todo acto “aparentemente” bueno, esconde una cuota de maldad y viceversa, porque el bien carece de valor por sí mismo, necesita del mal pare ser apreciado. Además, lo bueno y lo malo son conceptos que se entrelazan con contextos particulares y expresan los rasgos de las culturas que los construyen, sus imaginarios y formas de organización política, social, religiosa, familiar, etc. Todo ello modela una visión del mundo y otorga atributos propios a los grupos y sociedades para dar contenido a lo que es bueno o malo.
Robin Hood hacía “el bien” robándoles a los ricos para entregar el botín obtenido a los pobres. Desde su visión, sus actos eran buenos porque su causa era considerada justa. Los ricos no pensaban lo mismo ¿verdad?, todo depende desde qué lugar nos paremos para observar y juzgar las cosas.
Si recordamos la justificación de la lucha contra el “eje del mal” que Estados Unidos emprendió en Afganistán o en Iraq, para imponer “el bien”, es imposible no asociarlo con su necesidad de dominio de un recurso estratégico como el petróleo....pero, “de eso no se habla”, sólo escuchamos que se lucha contra el mal ¿nos vamos entendiendo?
Podríamos dar ejemplos hasta el infinito, como la bienamada o criticada soja en Argentina, que da alta rentabilidad a sectores empresariales del campo generando a la par que los efectos del glifosato y otros herbicidas similares afecten la salud de mucha gente.
Como conclusión diría que el BIEN y el MAL no existen como categorías universales de aplicación semejante para toda la humanidad. Tal vez por eso, más importante que definirlas, es darse cuenta que lo bueno no siempre lo es para todos en todo momento y lugar. Lo bueno o malo de una acción, podría entenderse mejor si lo viéramos en relación con nuestras propias vidas y las de los demás. Si creemos que el bien es lo que genera conexión entre nosotros y los otros, lo que sana y restaura los vínculos de las sociedades humanas coincidiremos con Martín Luther King (h) cuando dijo:...“tendremos que arrepentirnos en esta generación no simplemente por las palabras y acciones llenas de odio de las personas malas sino por el espantoso silencio de las personas buenas”.
....Sería realmente bueno que “tu bien” no le haga mal a nadie. De eso se trata.