Areas Protegidas de Río Negro

Las demandas del actual estilo de vida y el acelerado crecimiento de la población en las últimas décadas han llevado a la sobre-explotación de muchos recursos naturales y a secuelas muy negativas como la destrucción, a veces irreversible, de procesos y sistemas naturales vitales tanto para el hombre, como para las especies silvestres. Es por esto que se ha visto la necesidad de conservar los ecosistemas naturales y la diversidad de flora y fauna.
Río Negro comenzó con esta política proteccionista en 1959 cuando creó su primer Parque Público, la Laguna Carri-Lauf- quen Chica, contando en la actualidad con 13 áreas naturales protegidas.

La necesidad de administrar y conservar estos espacio silvestres que contienen ecosistemas valiosos o únicos fue plasmadas finalmente en 1993 mediante la sanción de la Ley N° 2669 creando así el Sistema de Areas Naturales Protegidas, dependiente del Consejo de Ecología y Medio Ambiente (CODEMA).
Desde los frondosos bosques andinos a las playas del mar argentino, atravesando la misteriosa meseta de Somuncura y sus míticas rocas que hablan o fluyendo a lo largo del río Negro; desde el imponente cóndor, a la diminuta y atrevida mojarra desnuda de Valcheta; más de 70 especies de mamíferos, unas 300 especies de aves (el 30% de la diversidad de toda argentina), casi 80 especies de reptiles y anfibios y 5 regiones ecológicas que abarcan 203.013 m2 en toda su extensión. Toda esta inmensidad nos ha sido legada desde tiempos remotos. Las principales amenazas contra la biodiversidad son consecuencia directa de las actividades humanas, destacándose el desmonte, la contaminación de los cursos de agua, el desmanejo en la explotación de recursos naturales por parte de la industria petrolera, minera, pesquera, la introducción de especies exóticas, la caza ilegal y el tráfico de fauna que han llevado a muchas especies al borde de su extinción.

Nuestro deber es darnos cuenta de estos peligros, no con el objeto de eliminar tales actividades, sino para hacer un uso sustentable y responsable de los recursos, entendiendo que su cuidado y preservación significan la continuidad a largo plazo de una importante actividad biológica y económica.
La preservación requiere la participación conciente de toda la sociedad desde actitudes cotidianas. La ignorancia es la peor enemiga de la biodiversidad.

Si no comprendemos la función que cumple cada especie, si no entendemos las consecuencias que puede acarrear su extinción para el resto de las especies y para el ecosistema, si no creemos fielmente en su importancia, no haremos nada por impedir su pérdida o, peor aún, para mejorar sus posibilidades de conservación. Conocer estas especies y sus hábitat natural es aprender a protegerla.