EDUCACION AMBIENTAL
Diseño:
Alexis Sánchez

Las futuras generaciones quizás se pregunten ¿qué estaban pensando nuestros padres? ¿por qué no despertaron cuando tuvieron la oportunidad? Necesitamos esa pregunta ahora. Somos parte del todo planetario. En cada uno de nosotros están presentes los problemas de todos los otros. El planeta no es una cosa, sino una serie de relaciones en permanente cambio. Nos cuesta trabajo desprendernos de los patrones familiares en los que hemos confiado. Estamos presenciando un choque entre nuestra civilización y la tierra. Hay tres factores que están causando esta colisión. La población. El boom de la natalidad. Llevó diez mil generaciones alcanzar una población de 2 mil millones de habitantes, y en tan solo una vida, la nuestra (luego de la Segunda Guerra Mundial), la cifra ascendió a 6,5 mil millones. El impacto es claro, más demanda de alimentos, agua, recursos naturales... más todo. La revolución científica y tecnológica. Nuestra habilidad de crear un efecto sobre la superficie terrestre se ha transformado totalmente, la tecnología sobrepone la escala humana. La moral y la ética. Somos capaces de quedarnos sentados sin responder y sin reaccionar ante las consecuencias. Nuestra manera de pensar y de actuar requiere de una revisión profunda, un replanteo tendiente a una mejor percepción y mayor capacidad para la prevención y resolución de conflictos ambientales. Independientemente y en forma colectiva debemos tener en cuenta las consecuencias inmediatas y futuras. La educación para un futuro sustentable debe incluir en el sistema educativo las experiencias cotidianas y la sensibilidad colectiva respecto de los temas que afectan a la sociedad. Es importante reconocer el espacio que ocupa (hábitat) y el “papel” que desarrolla cada organismo (nicho ecológico) en el funcionamiento del ecosistema para regular y mantener el equilibrio natural (estabilidad). Cuando un ecosistema es impactado, intenta volver siempre al estado anterior al de la perturbación, es decir que su organización tiende siempre a oponerse a la modificación porque “quiere seguir siendo lo que es”, y no cambiar. A esta capacidad del ecosistema de hacer frente a las perturbaciones se denomina resistencia y, a la rapidez con que logra volver al estado anterior, se la llama resiliencia. Tratándose de un ecosistema, cuando se produce un impacto en alguna parte del mismo, ese impacto puede repercutir en el todo. Es decir, que se produce una reorganización del sistema, un cambio en su estructura. Si la perturbación es demasiado importante, la restauración será muy complicada, y cuando en la nueva estructura, hay una pérdida de complejidad, se dice que se produjo una regresión. A todos estos mecanismos de respuesta a las perturbaciones y autorregulación, se los denomina mecanismos de retroalimentación. Todo esto tiene valor desde el punto de vista de la prevención, para evitar situaciones con impactos irreversibles. Educar, supone escribir en nosotros la conciencia antropológica que reconoce nuestra unidad en nuestra diversidad. Conciencia ecológica, es decir la conciencia de habitar con todos los seres mortales una misma esfera viviente (biósfera); nos conduce a abandonar el sueño prometéico del dominio del Universo para alimentar la convivencia sobre la Tierra. Conciencia cívica es la responsabilidad y solidaridad para los hijos de la tierra. Conciencia espiritual surge del ejercicio complejo del pensamiento, que permite críticarnos, autocriticarnos y comprendernos entre nosotros. Necesitamos pensar ecológicamente todos nuestros actos día a día, para resolver y evitar los problemas ambientales. La cultura es información reflexionada, y resulta que hoy en día nos estamos desculturizando de tanto aprender. De tanto aprender sin pensar en lo que aprendemos. Así que aprendemos sin aprehender gran cosa. Por naturaleza, tardamos en hilar un razonamiento. Puede llegar el día de hacer un balance en que quisiéramos haber hilado el razonamiento.

Fuentes:
“Educación Ambiental” Aportes para el aula.

CODEMA (Concejo de Ecología y Medio Ambiente)
“La verdad incómoda” David Guggenheim