La Mojarra Desnuda

La meseta de Somuncurá, situada en la parte septentrional de la provincia constituye un marco natural geográfico único e inigualable. La agitada prehistoria de la meseta se traduce hoy en un paisaje de extraña belleza moldeado por tremendas erupciones volcánicas, con manantiales y pozones de aguas termales. En que en sus orígenes, cuando el mar cubría la Patagonia, esta zona era una isla. Ese aislamiento permitió que se desarrollaran y evolucionaran especies animales y vegetales únicas. Cuando las aguas se retiraron nos dejaron de regalo esta isla de biodiversidad, cuyas formas de vida siguieron evolucionando, hasta nuestro días. Entre ellos La Mojarra Desnuda.
La Mojarra Desnuda, cuyo nombre científico es Gymnoscharacinus Bergi, fue descubierta a principios del siglo pasado por el ictiólogo Fritz Steindachner en las nacientes del arroyo Valcheta, sobre La Meseta de Somuncurá.
Esta particular especie de mojarra, único pez autóctono en la región, habita únicamente en el Paraje Chipauquil (tierra blanca). Allí, de varias vertientes surgen manantiales que se unen conformando el arroyo Valcheta, lugar apropiado para el desarrollo de esta especie. Fuera de este, su supervivencia es imposible, ya que no soporta el cautiverio o aguas con una composición distinta a la de estas.
Su nombre tan particular se debe a la perdida de sus escamas llegada a la edad adulta, lo que equivale a unos 4 cm. de longitud aproximadamente. Los adultos no superan los 8 cm.
Incluida en 1988 en el Libro Rojo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y declarada monumento natural en el territorio provincial, por la Ley 2783, en 1994. En la actualidad, la mojarra desnuda, esta considerada una especie vulnerable y en peligro de extinción. Su población sufre presiones externas, tanto naturales como de la mano del hombre. Entre estas últimas se puede considerar la inclusión por parte del hombre de especies exóticas en los ambientes donde habita dicha especie.
La toma de conciencia y el compromiso de las comunidades locales, como Chipauquil, es de importancia vital, a la que debe sumarse la acción decidida de las autoridades. Es deseable que la protección formal que le otorgó la provincia de Río Negro - declarando a la zona Reserva Provincial en 1993 - mueva a esas misma autoridades a implementar en la práctica las medidas necesarias para conservar esta área natural tan rica en historia, paisajes, fauna y flora, digna de convertirse en un nuevo punto de atracción turística en nuestra Patagonia, siempre y cuando no perdamos de vista que su riqueza va de la mano de su extrema fragilidad.
Agradecemos la colaboración
de Cecilia Hernandéz.

fuente\www.barrameda.com.ar