Sucia SociedadIlus: David Moller
Nuestra cultura tiene un apetito insaciable por las mercancías materiales, no queriendo reconocer los costos y las consecuencias para el medio ambiente. Consumimos, derrochamos, tiramos y luego nos olvidamos, pocas veces nos preguntamos que pasa con la basura. Demandamos cada vez mas productos innecesarios y los medios nos introducen una política de consumo cada vez más voraz. Seguramente muchos no seamos conscientes del impacto negativo que producen los residuos sobre el ambiente, de otra manera, resulta difícil entender los por qué de este comportamiento tan agresivo hacia nuestro medio. Desde el papel más pequeño a los residuos producidos por las industrias, provocan importantes alteraciones tanto en el equilibrio ecológico, como en la higiene y en la estética urbana. Basura en baldíos, bolsas destrozadas por animales sueltos, playas sucias por parte de turistas y lugareños, chatarra acumulada en la vía pública, reducido número de cestos domiciliarios y públicos, restos de poda sobre las veredas, colillas de cigarrillos, botellas, latas, envoltorios; son sólo algunos ejemplos cotidianos de nuestra comarca.
Muchas políticas de acción se han puesto en práctica para resolver el problema de la basura, todas ellas con sus correspondientes controversias; basureros a cielo abierto, quema de basura, rellenos sanitarios, por citar algunas; pero se ha demostrado que, sin lugar a dudas, la mejor y más redituable económica y ecológicamente, es la separación, tratamiento y reciclado.Uno puede ser parte de la solución, al reducir y no mezclar (separar), para que luego se pueda reutilizar y reciclar, pero es necesario internalizar el principio de las 3R que se basa en; reusar, es decir, evitar todo aquello que de una u otra forma genera un desperdicio innecesario; reutilizar, darle la máxima utilidad a los objetos sin la necesidad de destruirlos o deshacerse de ellos; y reciclar, usar los mismos materiales una y otra vez, reintegrarlos a otro proceso natural o industrial para hacer el mismo o nuevos productos, utilizando menos recursos naturales.
Se estima que, en promedio, una persona genera 365 Kg. de basura por año. Lo cierto es que la basura predomina, abunda y tapa. El crecimiento poblacional y el consumo masivo generan cada vez más basura. Las políticas de intervención discriminan los estratos sociales. Obviamente el problema no acaba al cerrar la bolsa.
La investigación de este tema requirió la búsqueda y el análisis de información de distintas fuentes. Se confrontaron distintas opiniones, entre las cuales queremos concluír con la de David Suzuki.
“Casi todo lo que compramos no es esencial para nuestra supervivencia, ni siquiera incluso para las comodidades humanas básicas, sino que está basado en el impulso, la novedad, un momentáneo deseo. Y hay un precio oculto que nosotros, la naturaleza y las futuras generaciones tendremos que pagar por todo ello. Cuando el consumo se convierte en la razón misma para la existencia de las economías, nunca nos preguntamos ¿Cuánto es suficiente?, ¿Para qué necesitamos todas éstas cosas?, o ¿Somos un poco más felices?.
Nuestras decisiones personales como consumidores tienen repercusiones ecológicas, sociales y espirituales. Es hora de re-examinar algunas de las ideas más profundas que subyacen detrás de nuestros estilos de vida”.