DIME LOS QUE TIRAS Y TE DIRE LO QUE TOMASIlus: Gaston Larraya
Nadie puede dudar de la importancia del agua para el desarrollo de la vida. La escasez del agua dulce a nivel mundial es un problema de dramática prioridad, ya que representa un porcentaje limitadísimo en relación con el total de agua en el planeta: sólo el 3 por ciento, del cual menos del 1 por ciento es accesible, dado que el resto se encuentra en glaciares o a grandes profundidades en ríos subterráneos, el 97 por ciento restante es agua salada, no apropiada para la mayor parte de las actividades humanas.
Argentina posee una riqueza acuífera incalculable; tal es así que la capacidad y calidad de su potencial la están evaluando organismos internacionales. Mientras, nadie habla del agua y todos, del terrorismo; se acusa a la Triple Frontera, de Argentina, Paraguay y Brasil (tercer reservorio de agua más importante del mundo) de albergar terroristas. La acusación parece ser un trampolín para que en un futuro no tan lejano tropas ingresen a la Argentina con el objetivo declarado de combatir el terrorismo y el interés –no asumido– de apropiarse del agua. Hace años que el mundo le puso precio al agua. Será en un futuro no tan lejano como se piensa un recurso estratégico que, bien manejado, no perderá su calidad de renovable.
El deterioro de los cursos de agua y su contaminación es uno de los principales problemas ambientales que sufre la Argentina. Cada año, los ríos, los arroyos, las lagunas y el mar reciben un cóctel de millones de litros de sustancias contaminantes. Muchas de estas, son de origen humano y otras, si bien existen en la naturaleza, aumentan sus concentraciones en el ambiente como consecuencia de la actividad humana. Siempre ha prevalecido en nuestro país el concepto equivocado de que el agua tiene capacidad de asimilar y diluir todo lo que recibe. Implícitamente en algunos ámbitos también ha primado la concepción de que la contaminación de los cursos de agua es una consecuencia inevitable del desarrollo. No es casual que los ríos Paraná, Salado del Norte, Salado del Sur, Carcarañá, de la Plata y Colorado estén entre los más contaminados de la Tierra. En efecto, si observamos, casi toda el agua que consumimos proviene de los mismos cuerpos de agua en los que son evacuados los residuos cloacales e industriales; y es que la Argentina no posee medidas de control adecuadas para el tratamiento y disposición de aguas servidas, residuos peligrosos sólidos y desechos industriales domiciliarios, que terminan contaminando aguas superficiales y subterráneas.
La cuenca del río Negro es la más importante del país, tras la del río de a Plata. Cerca de medio millón de personas viven a sus orillas descargando a su cause efluentes domiciliarios e industriales, desagües clandestinos, agroquímicos, hidrocarburos y basura de todo tipo; y aunque su gran poder de disolución le permite mantener los estándares de potabilidad estas sustancias contaminantes aumentan su concentraciones en las épocas que el río es más bajo en su caudal, representando un peligro latente y silencioso.
Debemos tomar una actitud responsable y solidaria, que evite su derroche y/o contaminación. De la toma de conciencia y del compromiso que seamos capaces de asumir, en todos los ámbitos en los que nos toca actuar, nacerá el cambio, el camino a seguir para superar las amenazas que pudieran pesar sobre nuestro futuro.
Fuentes:
www.planetasedna.com.ar
www.ecoportal.net
www.eco21.com
www.unesco.org
Revista Rumbos N°149