LA MENTIRA VESTIDA

txt: Sergio Campozano [TDG]

Adán jamás se hubiese imaginado las derivaciones de aquel impulso inocente de cubrir su desnudez de la vergüenza con una hojita de parra. Salvando las distancias, nuestras hojas vienen a tapar, hoy, otros aspectos desnudos de nuestras personalidades.

Sería propicio explicar, entonces, el fenómeno de cualquier moda, para saber lucirla, asimilarla, tolerarla y hasta reaccionar en contra de ella con las mejores armas.
La trayectoria que describe el movimiento de la moda se asemeja al espiral; cíclica y en movimiento constante. Lo que nos permite deducir que todo se renueva y vuelve con tres botones menos y de diferente color. Son sólo algunos, los iluminados, que proponen sinceramente un cambio que refleje las necesidades de uso de nuestros hábitos de vida, para dar soluciones concretas. Las demás son imitaciones de imitaciones o simplementes espejitos de colores que nos mantienen distraídos y enfrentados, mientras la maquinita no deja de facturar.
Es verdad que la moda está relacionada, directa e indirectamente, con el consumo de modelos impuestos por instituciones empresariales que manejan el mercado desde las capitales de Milán, Roma, París, Nueva York, Shangai, Tokyo, Londres y Barcelona, en complicidad con los medios de comunicación que expanden el mensaje a todos los rincones del mundo donde existan potenciales clientes, dejando fuera a los sectores con menos recursos.

George Bernard Shaw escribió que las modas “no son, después de todo, sino epidemias inducidas”. Y ante dichas epidemias, a las que todos estamos sujetos y que son contagiadas por los medios de comunicación, pocas defensas podemos –o queremos- oponer. “No todos seguimos las mismas modas, pero todos compartimos la necesidad de seguir la moda, miramos de reojo a los demás para vestir como ellos.”

Las necesidades básicas del ser urbano ya no son las mismas, las nuevas tecnologías y el concepto de virtualidad modificaron la percepción y los valores del mundo entero para siempre. Ha cambiado el modo de pensar y de actuar, de comunicarse y de expresar las ideas y sentimientos, de personalizarse dentro de la comunidad a la que pertenecemos, de “customizar” nuestro entorno virtual con las mismas ganas que cambiaríamos el color del comedor de nuestra casa. El proceso es paulatino y las modas menores, presagian los cambios radicales y nos preparan para absorver mejor lo que vendrá.

La clave suele estar siempre en la buena instrucción del pensamiento. Razonar para separar el sentido estético y psicológico de cualquier moda. Comprender su función, sus valores y las consecuencias que se desprenden de ella. Saber que la hiperprofusa y perfectamente maquillada mentira que muestra la vidriera, colecciona adhesión, indiferencia o apatía y ese es el momento de comprender que sólo es moda, ni más ni menos, que vendrá y se irá, dejándonos desnudos para vestirnos nuevamente con otra.