Moda y sexualidad El sexo en la moda o la moda del sexo Goce, libertad, misterio
txt: David Moller [DG]
Todo individuo tiene antes que nada y desde un principio una identidad de tipo sexual (se es hombre o mujer) y al asumir su identidad de género, se puede comprender que los modelos utilizados por la publicidad difundan el uso de determinados productos, mediante los cuales promueven la identificación con determinada imagen masculina o femenina. Es por ello, que la moda contiene evidentemente una expresión sexual, en virtud de que utiliza modelos sexuales específicos, hacia los cuales se promueve una identificación que se logra con el consumo. El uso de imágenes sensuales en la promoción de artículos varios como se observa en los medios masivos de comunicación, tienen su impacto en el contexto de una sociedad. Deseos, impulsos y fantasías sexuales reprimidas, se utilizan como revestimiento sexual en las mercancías publicitadas, como garantía de su pronta colocación en el mercado. Aprovechando este contexto, las técnicas publicitarias utilizan imágenes sensuales y atractivas para persuadir a un gran número de individuos a adquirir tal o cual producto, cuyo consumo se asocia, consciente o inconscientemente al comportamiento sexual de cada individuo. La moda no es la excepción de todo este proceso de manipulación social o sexual, sino que al contrario, es su expresión más representativa de moldeamiento social. El poder y la influencia de los medios sobre el comportamiento humano se comprueba en el fenómeno psicosocial de la moda, que dicta las reglas del juego en materia del “buen vestir”, orientando la conducta de consumo de grandes capas de la población.
La moda del sexo, aparte de fenómeno psicosocial, puede considerarse como un negocio de los más redondos, pues antes de la salida al mercado de determinado producto, se crean las condiciones para que millones de individuos, sin importar edad o sexo, tiendan a adquirirlos para “estar al día” y / o satisfacer una nueva pseudo necesidad. El placer se ha comercializado aprovechando la sacralidad de una sexualidad que se ha convertido en una exploración sin límites del placer, de un modo salvaje; ya no hay límites ni reparos para hacer uso de aluciones sexuales. El verse y sentirse bien de la publicidad termina encontrando una de sus explicaciones en el goce del sexo con libertad ilimitada. El placer ha dejado de ser un tema explícitamente privado ya que los mass media han invadido esta privacidad y han logrado comercializarlo, en diferentes formas y productos; el sexo ya no es el goce íntimo, sino que es uno más de los productos adquiribles tanto como placer mismo o como elementos que lleven al individuo al goce de este.
El seguir la moda no significa siempre un deseo de diferenciarse de las demás clases sociales, es más bien la búsqueda de sentirse bien consigo mismo, tratar de llegar a su modelo utópico de belleza, de estética, en pocas palabras, de vida; porque lo que está en juego es la propia imagen, el culto al cuerpo y la embriaguez de lo nuevo y la adquisición y uso de los objetos que marcan una determinada moda. No hace más que hacerlo sentirse bien con la imagen que proyecta y que el mismo percibe. La imagen ya no es una constante, sino que cambia con el tiempo y el desarrollo del propio ser, de la sociedad o de los productos existentes en el mercado. Esta nueva imagen se puede adquirir dentro del mundo virtual y basarse en los modelos existentes creados para tal fin.
El uso del individuo como objeto sexual se encuentra de manera explícita en los contenidos de los mensajes comerciales, mismos que contribuyen a crear una imagen, la cual es literalmente vendida al formar parte de las etiquetas de diversos artículos de consumo. En consecuencia, la sexualidad es una de las características sobresalientes que rodean las últimas creaciones o “gritos de la moda”.