Sexo y sexualidad

Sexo y sexualidad tiene siempre ante el público una connotación coital. De ahí que siempre invariablemente la educación sexual se identifique con técnicas coitales. En realidad cuando hablamos de sexo, hay que diferenciar los aspectos genitales de las conductas sexuales. El sexo genital es un carácter biológico que identifica a dos especímenes animales o humanos, uno correspondiente a la mujer o hembra y el sexo correspondiente al varón o macho. Las conductas sexuales se vinculan en forma directa con la Sexualidad; que es, una característica propia de la especie. Es una construcción social. Hablar de sexualidad es hablar del ser humano integral y en su totalidad. O sea, el ser biológico, psicológico y social que somos. Sexualidad nos refiere al ser humano sexual que es, que piensa y, convive con otros seres humanos que también son, piensan y conviven. El humano tiene una cantidad de factores que modifican su construcción social de la sexualidad. Todas y todos tenemos sexualidad a lo largo de la vida, aunque se exprese de manera diferente en las distintas etapas vitales. La sexualidad es una construcción social que también se deconstruye. A lo largo de la historia, en una época, por los prejuicios, tabúes, la moral o por los dogmas, casi era pecado hablar de sexualidad, relativo al instinto; hoy, es un indicador de realización del ser humano. A través de la evolución de la humanidad es posible observar patrones culturales en los que se destacan cuatro etapas principales de las concepciones de la sexualidad. La primera etapa corresponde a las civilizaciones agrarias del mundo antiguo. En estas se evidenció la concepción del sexo como un elemento divino. La segunda etapa se inicia con la constitución de las ciudades urbanas, entre las que se destacan las ciudades-estado del mundo clásico. Durante este período, el sexo pierde gradualmente su carácter místico y pasa a ser considerado como un instinto de la naturaleza. La tercera etapa comienza con el advenimiento de la historia de la civilización cristiana, cuyos límites se sitúan entre la caída del Imperio Romano de Occidente (siglo V) y la Segunda Guerra Mundial (siglo XX), época que se caracterizó por el predominio de valores espirituales y morales, que limitaron y reprimieron los conocimientos sobre sexo. La etapa actual, manifiesta un cambio substancial de actitudes en relación a la sexualidad. Aunque aún sea prematuro determinar las características dominantes de esta etapa de transición, podemos definir como típico de ella una verdadera eclosión del sexo. La humanidad camina gradualmente hacia una auténtica liberación del sexo, o sea, hacia una personalización del sexo. Y bien, hemos hablado del sexo y la sexualidad, incursionamos levemente sobre las etapas del sexo a través del tiempo, pero no tocamos un tema tan importante para todos, como el Amor. Ultimamente, nuestra sociedad ha insistido demasiado en la importancia del aspecto genital de la sexualidad. Desde luego, este aspecto técnico es importante, pero esa es la parte más fácil. La capacidad de ternura, intimidad y amor, que es una cualidad mucho más difícil de adquirir, es un elemento fundamental en nuestras vidas. El amor es la más preciosa experiencia de la vida. Por eso, experimentar amor en una relación sexual potencia el bienestar, no sólo biopsicosocial, sino que llena la vida de algo tan místico como la Felicidad. Queremos destacar que lo más importante de nuestra sexualidad es aceptarla. De esta manera, reconocemos y construimos una identidad sexual válida y placentera, que con el paso del tiempo nos identifica en la práctica sexual, y la cual nos llevará a elegir el objeto y sujeto de amor; una persona, que vamos Amar, ya sea de nuestro mismo sexo o de distinto sexo.